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domingo, 3 de julio de 2011

Nobody's perfect

He creído soñar que iba caminando sobre una pradera en plena tarde de verano. El sol quemaba mi piel y me hacía sudar. Parecía como si fuese andando por el mismo infierno. El pasto amarillo que un día fue verde hierba no terminaba, era como un laberinto en el que nunca hallas el final, das y das vueltas pero no sabes dónde queda la salida. El camino se hacía interminable, el sudor iba en aumento y la desesperación era mi peor enemigo. Me maldecía por no haber llevado conmigo una botella de agua fresca que hiciera, en la medida de lo posible, el camino mucho más ameno.
En un momento dado he creído estar en el mismo punto de salida, pero claro, sin árboles y sin señales, sólo con la inmensidad rodeándome, era difícil saberlo. Harta de no saber qué dirección tomar me desplomé en el suelo, mis ojos fijos en el astro que quería fundirme y mezclarme con la tierra. Decidí cerrar los ojos implorando piedad, deseando que la pesadilla terminara y consiguiera encontrar la salida de vuelta a casa.
Nada más lejos de la realidad, porque en ese preciso instante reuní las fuerzas necesarias para abrir los ojos. El sol había desaparecido. Sí, me encontraba en el mismo lugar de antes, pero se había hecho de noche. Todavía no me había dado tiempo a sentirme extraña por lo que acababa de suceder cuando escuché su voz:
- -Levanta. Toma mi mano y levántate, por favor. Llevas demasiado tiempo ahí, tirada en el suelo.
- -¿Qué haces aquí? –Me sorprendí al ver a mi ángel de la guarda a mi lado. ¿Cómo me había encontrado?
- -¿Cómo que qué hago aquí? Vengo a buscarte y a llevarte a casa, al lugar del que no debiste salir… Al lugar en el que todo es seguro, para impedir que te pierdas, te desesperes y te rompas por dentro. ¿Ves las estrellas? Ellas nos guiarán.
No quise contestarle, sabía que tenía razón. Por buscar aventuras me perdí y no supe encontrar el camino. Simplemente necesitaba esa mano que me enseñara que el sol brilla, pero que no debe quemarnos. Debemos disfrutar de él todo lo que podamos, pero nunca dejar que nos haga daño. Espero que vosotros tengáis un ángel de la guarda como lo tengo yo. Si no fuera por él, todos los días me perdería, me quemaría y no sabría encontrar el camino de vuelta a casa. Gracias Pedro por ser mi ángel de la guarda particular.

No es que yo quiera convertirme en un recuerdo, pero no es fácil sobrevivir a base de sueños.

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