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miércoles, 13 de julio de 2011

Un brillo de luz en la mirada .

En un mundo tan imperfecto e injusto como éste, es difícil encontrar a personas que intentan cambiarlo. Que se preocupan por mejorar, por ser todo lo contrario. Es complejo cruzarte con una, pero cuando lo haces...es imposible dejarla escapar.
Hay penurias, injusticias, muertes, horror, guerras, hambre, violencia. Llegamos a un punto en el que parece que nada cambiará jamás, que todo es triste. Que la vida es un bucle de tragedias mezcladas con infelicidades del cual no podremos salir nunca. Pero no es así. 
Si no hubiesen malos momentos, tampoco habrían buenos, ¿no creen?


Y, de repente, llega sin avisar una persona que, aunque no sea capaz de cambiar el mundo, cambia tu vida.
Su simpatía te hace sonreír día tras día. Sólo deseas estar a su lado, porque sabes con certeza de que nada será malo si estás con él/ella.
El tiempo pasa con más rapidez cuando estáis juntos, todo te sonríe y, si algo va mal, sabes que intentará cambiar de cualquier modo tu más absurda preocupación para dibujarte una sonrisa en la cara. Eso te hace sentir especial, te hace sentir de una manera inexplicable, porque la sensación de estar sentada en una nube de algodón recorre todo tu cuerpo. Tan sólo una mirada suya, un roce, una palabra o incluso un gesto te tranquiliza. 
Estar en los momentos felices es muy fácil. Es fácil disfrutar de ellos, pero¿quién es el que realmente se queda en los peores momentos de nuestras vidas? Exacto. Esa persona tan especial, tan importante en nuestra vida, estará allí bajo cualquier concepto. Aunque le resulte imposible, aunque para él/ella sea verdaderamente complicado, se quedará a nuestro lado las veinticuatro horas del día. No importan los días, jamás te replicará nada. ¿Por qué? Porque la gente humilde, la gente buena de corazón lo hace. Lo hace sin más. Sin importancia, sin interés. Lo hace, simplemente, para sentirse bien pero, sobre todo, para hacernos sentir bien a nosotros. Porque nada más importa. 
Háganme caso. Cojan a esa persona de la mano con fuerza y no la dejen escapar jamás. Porque hay gente buena y gente mala, sólo hay que saber buscar. En realidad, sólo hay que saber ser una buena persona.
Ésas tienen un brillo en la mirada.


A todas aquellas personas que se preocupan más por la felicidad de la gente a la que quieren que por la suya propia; a todos aquellos que están a mi lado, día y noche, cuando estoy bien y cuando estoy mal; a todos los que me hacen sonreír sin motivo aparente; a todos los que me enseñaron a llorar también en los buenos momentos, a llorar de felicidad, de alegría; pero, sobretodo, a los que me han enseñado a amar por encima de cualquier otra cosa, con los que he aprendido a querer muchísimo más de lo que jamás había imaginado...les doy las gracias.

En especial, gracias a mis amigas y a mi cenutrio.

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