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domingo, 11 de marzo de 2012

Te siento en mis huesos.


Hola. Sí, soy yo. Aquella chica que te quiere a pesar de ser cruel con ella, a la que dejaste y ahora no quieres ni ver por miedo a que todo sea más doloroso. Pensabas que me rendiría, que dejaría mis fuerzas débiles ante tal acontecimiento. Y quiero que sepas, como de verdad, mi cuerpo se siente en estos instantes. Siento, que lo que has hecho, el ser cruel, no es más que una máscara que te has puesto para parecer fuerte, has roto en pedazos un corazón que lo daba todo cuando estabas cerca. Latía con él, el alma en la impaciencia.
Y por miles de razones, le hacías bombear sangre tan rápido como le era posible. Le llenaba cada parte de pura frialdad entonada de rojo. Cada mirada asechante se volvió en furia, en decepción. Volvieron las lágrimas,pequeñas gotas de sudor, convertidas en agua. Recorrían su cara dejándola por completo húmeda y pegajosa. Las mejillas, rojas, y los ojos, hinchados. Todo se sostenía en una teoría, "quien de verdad te quiere te hará daño". O eso al menos decían en las noticias de aquella mañana redes sociales. Estados, comentarios, la gente había dejado de creer. Otros no tanto. El amor se convirtió en un arma de supervivencia, de extinción a la vez. Ya nada era lo que parecía. El cerebro se había convertido en un campo de batalla y nuestros corazones en almas de hierro preparadas para atacar. 

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